26 Mar

El pequeño becerro; cuento para niños. Por Laure Ferrié

vaquita y flores de bach

El pequeño becerro; cuento para niños

Este cuento tiene como finalidad pasar un buen rato… Si te gusta se lo puedes leer a tus hijos… También te puede ayudar a? entender mejor las flores de Bach en momentos de cambio: la madreselva? por la nostalgia del tiempo pasado, el nogal por la inseguridad que sentimos en los momentos de cambio, y la impaciencia al querer que todo haya ocurrido ya.

El pequeño becerro

Érase una vez un pequeño becerro muy guapo. Le encantaba correr por el campo y perseguir a las moscas con su rabo. La vida para él era muy agradable ya que se pasaba los días comiendo y jugando con sus amigos.

Un día al beber en el arroyo vio al lado de su cara reflejada en el agua la de una vaquita preciosa: era de color negro con una manchita blanca en el entrecejo que daba a su mirada una dulzura extraordinaria. Se dio la vuelta y sus ojos se encontraron. Fue mágico, sintió como un escalofrío recorría su espalda y se quedó mudo de sorpresa. La vaquita se río al ver su cara tan sorprendida, y empezó a salpicarle de agua con su patita.

Entonces el becerro se río también y a partir de ese momento los dos se convirtieron en los mejores amigos del campo.
Pasaban horas charlando, riendo, jugando… y el tiempo volaba.

El invierno se hizo muy corto pero al llegar la primavera tuvieron que despedirse ya que nuestro amigo tenía que irse con sus padres a la montaña para pasar los días de calor del verano y no volvería hasta el otoño. Se quedaron muy tristes y se despidieron con lágrimas en los ojos.

Al llegar a la montaña el pequeño becerro se sintió muy solo. ¡Cuánto le hubiese gustado compartir con su amiga la belleza de esos parajes! Probar con ella la hierba fresca, admirar las estrellas por la noche… ¡Nunca antes había visto tantas estrellas en el cielo! Los días pasaban y el becerro no paraba de pensar en su amiga. Menos mal sus otros amigos no le olvidaban y no paraban de distraerle. Así que los días pasaron y pasaron y pasaron…

Poco a poco las noches se hicieron más largas, el calor ya no era tan fuerte. Al levantarse una mañana el pequeño becerro se acercó al agua del arroyo más cercano. Era un arroyo muy alegre ya que el agua corría clara y fresca desde lo más alto de la montaña. Asomó la cabeza para beber, recordando su encuentro con la vaquita cuando se llevó la mayor sorpresa de su vida: ¡dos cuernecitos le estaban creciendo! Eran más bien dos bultitos pequeñitos… pero al becerro no le importaba, sabía lo que esto significaba: estaba haciéndose mayor.

Día tras día los bultitos se convirtieron en cuernecitos y cuando tocó volver a la granja, ahí abajo en el valle, el becerro (ya no se puede hablar de pequeño becerro) bajó alegremente para enseñar cuanto antes a su amiga su nueva ornamenta.

Al llegar a la granja, miró en todos los rincones buscando a su amiga pero… ni rastro de ella. Se encontró con vaquitas que se le parecían y le ocurrió algo muy extraño: estas vaquitas le parecían sin interés, no les encontraba nada de gracia, no le apetecía jugar con ellas… y no entendía el porque ya que siempre, cuando estaba en la granja le había encantado jugar con ellas. ¿ Y si le pasase lo mismo a su amiga?

Así que deprimido, se alejó de la granja y se acercó al arroyo donde más feliz se había sentido hacía ya tanto tiempo….

Al tocar el agua para beber se le cayó una lágrima, y otra, y otra…
Se sentía profundamente triste…

En cuanto se tranquilizó giró la cabeza para incorporarse y sus ojos toparon con cuatro patas negras preciosas. Subió la vista y levantó la cabeza hasta encontrarse frente a frente con… ¡una vaca!
¡Pues sí! Una vaca, y no cualquier vaca sino la vaca más bonita que haya visto nunca (la verdad, hasta hacía muy poco, unos segundos, las vacas nunca le habían parecido guapas)…. Y esta vaca tenía algo muy peculiar: una manchita blanca en el entrecejo? que daba a su mirada una dulzura extraordinaria….

Y lo entendió todo: uno cambia y todo alrededor cambia. Aquí estaba su amiga, por fin se encontraban otra vez. Eran los mismos de antes y al mismo tiempo diferentes ya que las experiencias de la vida nos cambian, nos transforman. No podía encontrarse con lo que había dejado un tiempo atrás y entendió que era mejor así.

El cambio nos cuesta, nos gustaría mucho que las cosas se quedasen tales y como las hemos conocido siempre y en cuanto somos capaces de aceptar el cambio podemos ver que a nuestro alrededor se nos abre una infinidad de oportunidades, de descubrimientos y de vivencias que van a hacer de nuestra vida una experiencia única e irremplazable.

Así que dejemos a nuestro pequeño toro y a su amiguita conocerse mejor….
A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a cambios constantes y encajamos la mayoría sin darnos cuenta. Pero a veces nos es más difícil adaptarnos a la nueva situación. No sólo se trata de los grandes cambios de la vida tales como adolescencia, nacimiento de un hijo, menopausia…. Los cambios cotidianos conllevan sus dificultades para algunos. Para un niño un cambio puede significar una transformación de sus referencias y aumentar su sentimiento de inseguridad: su mejor amigo cambia de colé, su nuevo profesor no le cae tan bien como el anterior, sus padres pasan por una época de mayor trabajo y no le atienden como antes, su hermano pequeño ya anda y no para de molestarle, tiene que hacer deberes… infinidades de pequeños cambios a los cuales tenemos que prestar atención. Las flores de Bach? nos permiten pasar por esos cambios con mayor alegría. Ver lo positivo del cambio puede ser difícil? a veces. Así que si una flor nos puede ayudar no despreciemos su aportación.

  • si tu hijo es muy nostálgico, quiere volver a un mundo que para él era mejor (cuando vivía en otra casa, cuando no tenía hermanos,….) : la Madreselva le ayudará a conectarse con el presente y vivir el momento sin dar vueltas hacía atrás sin cesar.
  • si tu hijo se vuelve impaciente por cambiar: la flor de la Impaciencia le ayudará a entender que cada paso lleva su tiempo y aprenderá a? disfrutar de los cambios poco a poco.
  • si tu hijo se siente inseguro por sus cambios (corte de pelo que no ha salido tal como quería, cambios físicos de la adolescencia…) el nogal le dará una protección para enfrentarse a la vida y sentirse más fuerte.

Nota: son ejemplos y como tales tenemos que entenderlos. Muchas situaciones desencadenan unas emociones particulares en cada persona. Así, un niño ( o adulto) puede reaccionar? de diferente manera frente a un corte de pelo poco favorecedor: uno sentirá vergüenza, otro impaciencia ( quiere que su pelo haya crecido para el lunes y se pasará todo el fin de semana delante del espejo), otro ira… y otro todo a la vez… o no. La reacción de cada uno frente a un cambio es distinta.

Laure Ferrié.

 

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